Lipito mi oso favorito
LIPITO MI OSO FAVORITO
Esta es la historia de un osito llamado Lipito...........Lipito - como lo había bautizado la persona que lo había creado - es un osito de peluche de color amarillo, tiene una textura muy suave, unos hermosos y tiernos ojos negros, que en conjunto con las demás facciones de su cara lo hacen ver tierno y con ganas de consentirlo.
Lipito, había sido elaborado en serie, en una fabrica de muñecos como uno más del montón, como el, las costureras de la fabrica habían elaborado dos mil más muñecos más para una importante cadena de almacenes, en donde serían vendidos a un precio asequible de modo que muchos niños tengan la oportunidad de llevarlos a casa y adoptarlos como un miembro más de la familia.
Todos los días, las costureras hacían muñecos de varias clases, pero ese día elaboraron osos, estas mujeres le dedicaban mucho tiempo a que los muñecos quedaran muy bien hechos y de buena calidad.... pero en especial había una costurera, a la que todas sus compañeras llamaban señora Sarita, "la cariñosa", quien le dedicaba más tiempo del debido a sus muñecos.
Esta, era una mujer de cincuenta años, viuda, que tuvo un hijo a quien le gustaban mucho los ositos de peluche, pero este murió junto con su esposo en un accidente automovilístico. Nunca más se caso, decidió dedicarse a elaborar muñecos y darles todo ese amor que no pudo dar a su esposo y a su hijo. Pensaba que los muñecos, por ser muñecos tienen una vida feliz porque dan alegría a las personas y lo mejor...no se mueren y no causan tristeza, como le pasó a ella.
Ella elaboraba sus muñecos cuidadosamente y le ponía mucho amor a cada una de las piezas que unía para formarlos, decía que esos muñecos eran sus hijos y con su amor les enseñaba a pensar, a hablar a sentir y hasta a caminar, les decía a sus compañeras que sería afortunado el niño o niño que los tuviera en sus manos porque no iban a tener la necesidad de crear un amigo imaginario, sino que su oso de peluche sería un amigo real con quien hablar, jugar y compartir sus tristezas y alegrías. Sus compañeros se reían y no la tomaban en serio, simplemente comentaban su imaginación y no le hacían caso, igual a ella tampoco le importaba. Fue la señora Sarita quien creo y bautizó al osito con el nombre de Lipito.
Cuando terminaron de hacer los osos, se los llevaron de inmediato ya que la entrega de estos muñecos a los almacenes era urgente pues era la época de navidad - pero por olvido dejaron a Lipíto, a quien la señora Sarita se demoró en entregar, por estar revisando en el unos detalles, ¡Lipito debía ser perfecto!
Como Lipito quedó solo, la señora Sarita lo tenía en una repisa y todos los días lo arreglaba, lo peinaba, lo acariciaba, lo consentía y le enseñaba a hablar. Lo cuidaba de una forma muy especial con mucho amor y el muñeco así lo sentía.
Pasaron varios meses, Lipito continuaba en la fábrica porque no había pedido de osos, la señora Sarita estaba feliz con el y la verdad Lipito también.
Un día la señora Sarita no asistió a trabajar.......todos se preguntaban que pasó con ella?. Lipito muy preocupado escuchaba a sus compañeras y por primera vez sentía tristeza y miedo, hoy no había nadie quien lo protegiera y consintiera.
Al día siguiente llegaron todas sus compañeras muy tristes....la señora Sarita, la cariñosa había muerto de un infarto, Lipito empezó a entender que estaba sólo, no tenía amigos y que nadie debía saber que podía hablar, sentir y todo lo demás, debía comportarse como un muñeco de peluche.
Lipito duró muchos días en esa repisa, solo, sin nadie quien le prestara atención, hasta que un día las costureras empezaron a hacer nuevamente osos de peluche blancos con un corazón rojo en el pecho, buscaron en todas partes y reunieron osos de pedidos pasados incluido Lipito, se aproximaba septiembre, mes del amor y la amistad y estos eran un regalo apropiado para la ocasión. Lipito pensó que por fin iba a tener una familia.
Ya empacados, se los llevaron en una tracto-mula, recorrieron varias horas de camino hasta llegar a una bodega muy grande, Lipito empezó a hablarle a sus demás compañeros para saber si alguien era como el, pero fue inútil, no le contestaban.
Estuvo varios días en esa bodega en donde las personas no le hablaban a los muñecos y por el contrario los trataban como objetos, como mercancías, los tenían en bolsas, donde era muy incomodo estar, hacia mucho calor y hasta se le dificultaba respirar. Lipito observaba como se comportaba la gente y como solo hablaban entre las personas y que ellos ignoraban los muñecos.
Todas las noches, Lipito, buscaba la forma de salir de la bolsa donde los mantenían guardados, se sentía muy triste y con una gran necesidad de afecto pero salía en la noche, ya que no perdía la esperanza de encontrar más muñecos como el.
Hasta que una noche escucho una voz delicada a su espalda, era una osita de peluche color café que también podía hablar, caminar, reír y que por una extraña razón se llamaba Lipita, Lipito sintió que por fin tenía alguien igual a el con quien compartir, se hicieron grandes amigos y entendió porque tenía ese nombre: ella le contó que la señora Sarita también la había creado para un pedido, pero la devolvieron a la fábrica porque estaba defectuosa y desde allí permaneció en un cajón hasta ese día, que la arreglaron para incluirla en ese pedido.
Lipito y Lipita se hicieron grandes amigos salían todas las noches, esperaban el momento en que todos se hubiesen ido para salir de bolsas y jugar en la bodega, muy felices.
Un día Lipito esperaba a su amiga - como todas las noches - al ver que no llegaba, se acercó a su estante y observó que un hombre con uniforme de vigilante, con cara desagradable, estaba husmeando la bolsa donde ella estaba, este vio varios osos pero fue a ella a quien escogió, la escondió en su bolsillo, luego la hecho en un maletín y la guardo en un casillero con llave. Lipito escucho llorar a su amiga Lipita y pedir que la liberara, pero el no podía hacer nada.
Unas horas después amaneció y apareció el vigilante, abrió su casillero, se cambio de ropa y salió con sigilo para que nadie descubriera que llevaba a la osita en su maletín.
Lipito quedó muy triste y vio como se alejaba su amiga, volvió a quedar muy triste, había perdido a las dos personas que lo habían querido..........
Pero el no se iba a quedar con los brazos cruzados, debía rescatarla de inmediato porque en dos días serían llevados al gran almacén. Al día siguiente se ingenió la forma de seguir al vigilante, espero el momento en que este se cambiara de ropa y se metió en su maletín, poco a poco se fue acercando a la puerta, tenía miedo porque si lo encontraban en el maletín, no le darían más trabajo al vigilante y nunca más volvería a ver a Lipita. Pero afortunadamente no pasó nada.
Lipito sintió que caminaron mucho tiempo hasta llegar a una casa vieja, aquí vivía el vigilante con su esposa y dos hijas, ellas eran personas poco amigables, gritaban, peleaban entre ellas, se halaban sus trenzas, se lanzaban muñecos la una a la otra y uno de ellos era Lipita quien estaba muy descompuesta, sin una oreja y muy sucia. Sintió una profunda tristeza, pero esto le dio ánimo para continuar con su idea de rescate.
El vigilante, guardo el maletín en su closet y cuando Lipito intento salir no pudo, ¡estaba encerrado! y mientras tanto afuera las niñas seguían golpeándose la una a la otra con la osita.
Cuando terminaron de pelear una de ellas abrió el closet para sacar algo de su papá y lo dejó abierto, de esta forma Lipito aprovecho la oportunidad para salir. Se escabulló entre los muebles y subió a buscar a Lipita a quien encontró encerrada en una caja con muchos juguetes, llorando amargamente por su desdicha, ella siempre pensó que los niños eran buenos y que le daban amor a sus muñecos pero no entendía porque estas niñas eran lo contrario, eran malas y la maltrataban y hacían sufrir.
Al ver a Lipito se sorprendió y lo abrazó, este sin perder tiempo le dijo cual era su plan de escape: debían esperar a que anocheciera y todos estuvieran durmiendo, el subiría, la sacaría de la caja y con mucho cuidado sin hacer ruido saldrían por una ventana que dejaron abierta.
Así lo hicieron, todo iba muy bien hasta que en el momento de pasar por un mueble, Lipita se tropezó e hizo caer un florero, por su puesto el vigilante se despertó y fue a ver que pasaba, Lipita muy angustiada le dijo a Lipito que huyera, que no se dejara ver ya que para este no sería sorpresa verla en el piso porque pensarían que era un olvido de las niñas, pero no sabría de donde apareció otro oso, de inmediato el vigilante recogió a Lipita y la llevó a la caja.
Nuevamente tuvieron que esperar varias horas para que el vigilante se durmiera y volverlo a intentar, esta vez con éxito. Salieron por una ventana y después de varios intentos por buscar el camino fue inútil. Debían buscar la forma de volver a la casa e introducirse en el maletín del vigilante para que este nuevamente los llevara a la bodega.
Regresaron a la casa, afortunadamente todavía no amanecía, entraron por la misma ventana y llegaron al cuarto del vigilante, se escondieron debajo de la cama y esperaron hasta que se levantaran todos y este estuviera listo para irse al trabajo. Luego los dos ositos se metieron en el fondo del maletín del vigilante de modo que este no los pudiera ver ni sentir.
Así pasó, llegaron a la bodega, por suerte el vigilante del otro turno estaba de afán y no lo revisó. Tranquilamente Lipita y Lipito salieron del maletín y se fueron con mucho cuidado a un sitio seguro para no ser vistos. Lipita estaba feliz y muy agradecida con su salvador.
El día siguiente era el gran día, a Lipita la bañaron y le arreglaron su oreja, quedó muy bonita. Era el momento de separarse, cada uno tenía su destino y era alegrar la vida de un niño, sin embargo Lipita no lo sentía así, su experiencia la había dejado muy triste y entendió que no todos los niños eran buenos y trataban bien los muñecos. Lipito si tenía fe y guardaba la esperanza de que lo iban a llevar aun hogar donde sería muy feliz. Llegó la hora de la despedida, los dos lloraban, se abrazaban y se hicieron la promesa de volverse a ver algún día.
Los dos fueron llevados a ese gran almacén junto con otros doscientos osos blancos, Lipito quedo casi escondido, Lipita quedo en el centro del estante a la vista de todos. Poco a poco la gente se los iba llevando, algunos eran niños, otros adultos, otros jóvenes que los llevaban para sus amigas, de repente apareció una anciana con una hermosa niña, ella vio todos los muñecos y cuando vio a Lipita de inmediato la abrazó con cariño y le dijo a la abuelita que esa era la osita que ella quería y se la llevó. Lipita se fue alejando y al alejarse miraba a Lipito con ternura y le decía que se iba contenta porque sintió el afecto que esta niña le trasmitió y sabía que con ella iba a ser feliz.
Al cabo de unos días, quedaba Lipito junto con algunos osos sucios y los quitaron del estante para colgarlos unos sobre otros al lado de la caja registradora. Lipito observó como se llevaban los osos y le dio la razón a Lipita puesto que hubo niños que se llevaron los osos pero desde el primer momento, se veía en su cara, que no los iban a tratar bien y esto le dio temor a Lipito, quien ya estaba resignado a la suerte que le tocara vivir.
Un día, en la tarde de ese mes de septiembre, entro al almacén un hombre joven, alto, apuesto, de buen corazón, se notaba muy apurado porque su esposa estaba enferma y debía comprarle un medicamento, cuando iba a pagarlo, le llamo la atención los osos que colgaban junto a el, los observó con ternura y pensó que era un buen regalo para alegrar a su esposa.
Lipito tenía la sensación que este hombre era de buenos sentimientos. El joven empezó a mirar varios de sus compañeros osos blancos y tomo uno. Lipito quiso hacer algún moviendo para que este se percatara de su presencia ya que no lo había visto, pero no fue posible. El joven se llevó un oso blanco.
Lipito quedó muy desilusionado y triste porque este hombre era de las pocas personas quien le había inspirado confianza y con quien posiblemente iba a encontrar un hogar. Pero al cabo de unos minutos el joven se devolvió a comprar otra cosa y aún llevaba en la mano al oso, el cual no había pagado aún, cuando iba pasando, alcanzo a ver a Lipito, se acercó, lo cogió, lo contempló y quedó cautivado por su ternura, decidió que este osito era el mejor regalo para su esposa dejó el oso blanco y lo escogió a el.
El joven pidió que no empacaran a Lipito, lo llevó en la mano con mucho cuidado al carro donde estaba su esposa, golpeo la ventana, se escondió y puso a Lipito en ella para que lo pudiera observar, la señora quien estaba dormida y muy pálida por su enfermedad, se despertó, volteo a mirar a Lipito con un gesto de sorpresa y ternura, buscó quien lo había puesto allí y pensó que era de algún niño jugándole una broma, no se imaginó que era su un regalo de su esposo. Al darse cuenta de ello lo recibió y abrazó con gran ternura, le dio un beso a su esposo y lloró de la emoción porque en todos sus años juntos nunca le había dado un obsequió con tanta ternura y más aún en las condiciones en que se encontraba sintió que este osito representaba parte del amor que el sentía por ella. A partir de ese momento Lipito se convirtió en el miembro favorito de la familia, lo consienten, le hablan y lo tratan como al hijo que no tienen. Lipito por fin tuvo su hogar y vivió muy muy feliz para siempre.



